La NBA podría comenzar a utilizar un balón inteligente para ayudar a los árbitros desde 2027. La liga y Wilson desarrollaron una pelota con un sensor Bluetooth de aproximadamente un gramo que registra su movimiento, rotación y cambios de trayectoria. La tecnología ya pasó por la G League, la Summer League y algunos partidos de pretemporada, pero sus datos todavía se recopilan exclusivamente para investigación y no tienen influencia sobre las decisiones arbitrales.
La transformación parece pequeña porque ocurre dentro del objeto más importante del juego. El sensor pesa cerca de un gramo frente a los aproximadamente 620 del balón completo, por lo que representa menos del 0.2 por ciento de su peso. El principal objetivo de la NBA consistía en conservar exactamente la misma sensación, el mismo rebote y el mismo comportamiento de la pelota actual.
TE PUEDE INTERESAR: Los 10 jugadores mejor pagados en la historia de la NBA
Para comprobarlo, los jugadores probaron balones con y sin el dispositivo sin saber cuál tenían en sus manos. De acuerdo con el comisionado Adam Silver, ninguno consiguió distinguirlos. “Nadie pudo notar la diferencia. Es una buena señal”, explicó al hablar sobre los resultados iniciales del proyecto.
Esa prueba resulta fundamental para una liga en la que cualquier cambio mínimo puede alterar el tiro, el control o la confianza de los mejores jugadores del mundo. La NBA no busca que el chip transforme la manera de jugar, sino que genere información que el ojo humano y las cámaras no siempre pueden obtener.
Una de sus aplicaciones más inmediatas estaría en las jugadas que terminan fuera de la cancha. Una variación mínima en la rotación puede indicar que un jugador rozó el balón antes de que cruzara la línea, incluso cuando su cuerpo impide encontrar una toma concluyente. Al combinar esa información con las repeticiones, los árbitros podrían determinar el último contacto con mayor precisión.
El sensor no sustituiría a los oficiales ni tomaría decisiones por sí solo. Funcionaría como una nueva evidencia dentro del proceso de revisión. La pelota puede registrar un cambio en su movimiento, pero todavía sería necesario sincronizar ese dato con las imágenes para establecer quién realizó el contacto y qué ocurrió durante la acción.
La liga también probó dispositivos en las muñecas de los árbitros para establecer una comunicación directa con el centro de repetición. Esos aparatos pueden utilizarse durante revisiones, correcciones al marcador y fallas en el reloj. El programa tuvo una primera prueba durante la Summer League y continuó en encuentros seleccionados de pretemporada, aunque tampoco llegará por ahora a la campaña regular.
La cautela tiene una explicación. La NBA ya intentó revolucionar su balón y sufrió uno de los fracasos tecnológicos más recordados de su historia. Antes de la temporada 2006-07 presentó una pelota Spalding fabricada con microfibra sintética y formada por dos paneles entrelazados, en lugar de los ocho tradicionales.
La liga aseguró que el nuevo diseño ofrecería mejor agarre, mayor consistencia y eliminaría el proceso necesario para ablandar los balones de cuero. Representaba el primer cambio importante en más de 35 años, pero la respuesta de los jugadores fue inmediata y casi siempre negativa.
La pelota resultaba demasiado pegajosa cuando estaba seca, se volvía resbalosa con el sudor y reaccionaba de forma distinta al golpear el piso, el tablero o el aro. Steve Nash, Jason Kidd y Dirk Nowitzki estuvieron entre los jugadores que reportaron pequeñas cortaduras en los dedos provocadas por la fricción de su superficie.
El rechazo obligó a la NBA a retroceder. El balón sintético debutó al comienzo de la campaña y salió de circulación el 1 de enero de 2007, menos de tres meses después del inicio de la temporada. La asociación de jugadores también había presentado una queja por la falta de participación de los basquetbolistas en una modificación que afectaba directamente sus condiciones de trabajo.
La experiencia dejó una enseñanza que todavía acompaña a la liga: ninguna innovación puede imponerse si los jugadores sienten que modifica la esencia del juego. Por eso, cuando Wilson reemplazó a Spalding como fabricante oficial en la temporada 2021-22, el cambio de marca no alteró el producto. La nueva pelota conservó el mismo cuero, los ocho paneles y las especificaciones de rendimiento, además de pasar por evaluaciones conjuntas con la asociación de jugadores.
El balón inteligente parte de esa misma lógica. La NBA no pretende reemplazar el modelo actual, sino introducir una tecnología imperceptible dentro de él. Mientras la pelota sintética de 2006 cambió la superficie que tocaban los jugadores en cada posesión, el sensor actual permanece oculto y representa una mínima fracción del peso total.
Todavía falta comprobar su precisión, definir cómo se integrarán sus datos a las repeticiones y establecer un protocolo que no aumente la duración de las revisiones. Silver señaló 2027 como la primera posibilidad para utilizar la tecnología en partidos, pero la liga no ha anunciado una fecha definitiva ni confirmó que el sistema esté listo para la temporada regular.
La innovación también podría extenderse más allá del arbitraje. Una futura versión comercial permitiría analizar la rotación, la trayectoria y otros elementos de cada lanzamiento, aunque Silver reconoció que un producto para los consumidores todavía tardará algunos años.
Casi dos décadas después de retirar un balón porque los jugadores podían sentir demasiado sus diferencias, la NBA desarrolla otro cuyo éxito depende de que nadie note que cambió. El fracaso de 2006 demostró que no basta con presentar una tecnología más avanzada; primero debe respetar a quienes utilizan la pelota. El nuevo chip puede convertir al balón en una herramienta arbitral, pero solamente llegará a los partidos oficiales si permanece invisible para el juego.






