El 1 de septiembre de 2008, el mismo día en que Abu Dhabi United Group (ADUG) cerró la compra del Manchester City, por 200 millones de libras, el club anunció la llegada de Robinho desde el Real Madrid por 43 millones.
Era casi el triple de lo que el City había pagado por Nicolas Anelka en 2002 (15 millones), su fichaje más caro durante seis años. Fue la declaración de intenciones del club que hoy vale 4,100 millones y que durante años había peleado por no descender, y que ahora tenía detrás al jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, miembro de la familia gobernante de los Emiratos Árabes Unidos.
Ahora que una comisión independiente declaró al City culpable por simular contratos, falsear información y no cooperar con la investigación, los gastos descomunales en fichajes durante la década investigada (2009-2018) son la parte visible de un esquema de ingeniería financiera diseñado para falsear cuentas corporativas.
De los 115 cargos, 54 son por no entregar información financiera precisa, 14 por no revelar completos los sueldos de entrenadores o jugadores, 5 por incumplir el Fair Play Financiero de la UEFA, 7 por violar las reglas de rentabilidad y sostenibilidad de la Premier, y 35 por no cooperar con la investigación. Los primeros 80 corresponden al periodo 2009–2018, y los 35 restantes se refieren a la conducta del club durante la investigación, entre diciembre de 2018 y febrero de 2023.
Antes y después de Mansour
En las seis temporadas previas a la llegada de ADUG (de 2002 a 2008), el City gastó en promedio 26 millones de fichajes por temporada, según Transfermarkt. Entre 2009 y 2018, el periodo que cubren los cargos, el promedio fue de 160 millones por temporada, es decir, seis veces más.
En total, en esas nueve temporadas el club gastó 1,443 millones en fichajes y recuperó apenas 382 millones por ventas, por lo que su gasto neto fue de 1,061 millones. La comparación con los otros grandes de la Premier en el mismo periodo muestra el tamaño de la diferencia:
El City gastó 2.5 veces más que el Chelsea, el segundo club con mayor inversión en fichajes y en ese momento también propiedad de un magnate, Roman Abramóvich. Gastó 1.7 veces más que el Manchester United. Y su gasto neto superó al de Chelsea, Liverpool y Arsenal juntos, además de que fue el club con mayor gasto neto en seis de las nueve temporadas.
La diferencia también está en las ventas, porque por cada euro invertido en fichajes, el Liverpool recuperó 78 centavos vendiendo jugadores; el Arsenal, 67; el Chelsea, 62; el United, 38, el City apenas 26.
Comprar mucho, vender poco y simular ingresos
El Fair Play Financiero de la UEFA buscaba que los clubes se sostuvieran con lo que generan: taquilla, derechos de televisión, patrocinios, premios y venta de jugadores, por lo que un dueño podía cubrir pérdidas, pero dentro de un límite.
Pero un club que gasta más de mil millones de euros netos en nueve años y casi no vende necesitaba ingresos enormes para no rebasar ese límite. La resolución de la comisión muestra que entre 2009 y 2018 el City declaró 949.94 millones de libras en ingresos comerciales de patrocinadores de Abu Dhabi, pero de esa cifra los patrocinadores solo pagaron 119.25 millones. El resto, más de 830 millones, fue clasificado como “sumas etiquetadas” y lo pagó al club ADUG, la empresa de Mansour. Según la comisión, el esquema permitió a los dueños financiar directamente al club mientras presentaban ese dinero como ingreso comercial.
El club apelará, pero la comisión prepara condenas
El Chelsea, el otro club inglés transformado por la fortuna de su dueño, también gastó fuerte, pero vendía, pues recuperó más de 60% de lo invertido, a diferencia del City que construyó su plantilla desprendiéndose de poco.
Mientras el club anunció que apelará porque considera que la resolución tiene errores, y que es inocente de las acusaciones de la Premier League, las sanciones se decidirán en una audiencia separada ante la misma comisión.
Curiosamente, el primer fichaje de la era Mansour, Robinho, tuvo un destino que nadie habría imaginado aquel día de 2008, pues el brasileño está preso desde marzo de 2024, cuando la justicia brasileña validó la condena impuesta en Italia, de nueve años de prisión por la violación colectiva de una joven albanesa en una discoteca de Milán en 2013, cuando jugaba para el Milan.






